Salsa Brava Vol 2
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A 30 años de la tragedia del Grupo Madera, soló quedó la impunidad y el recuerdo (2)

A 30 años de la tragedia del Grupo Madera, soló quedó la impunidad y el recuerdo (2)

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Martes, 20 Mayo 2014
Raices

Madera1

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 Parte 2

Las responsabilidades.

Existiendo un responsable directo, tal como fue el Consejo Nacional de la Cultura (Conac), este nunca dio la cara, por el contrario, cuando se le exigió explicación, solo se limito a decir que más bien “el Madera estaba en deuda con el Conac porque le faltaba cumplir con la mayor parte de las funciones contratadas”. La embarcación, era una nave construida en Brasil, compartida entre la Fundación del Niño y la Gobernación ambas de la región, mantenida por el Comando Fluvial de Puerto Ayacucho.

Por su parte el Secretario General de la Asociación Profesional de Oficiales de la Marina Mercante Oscar Naranjo, se limito a señalar que lo ocurrido fue “producto de la escasez de controles que existe en el país sobre las embarcaciones que navegan nuestras costas”, agregando además, que “La Falka naufragó porque tenía vías de agua o perforaciones en el casco, lo que permitió que se inundara el fondo y la nave perdiera estabilidad hasta finalmente hundirse”.

La tripulación de la embarcación pertenecientes a la Marina de Guerra estuvo comandada por el maestro técnico de segunda Carlos Navas Espinola. La responsabilidad del mantenimiento estaba en manos del Comando Fluvial “Frank Rísquez Iribarren. Otros personas involucradas fueron los organizadores y promotores del Campamento Fluvial del Ministerio de la Juventud con Luis Felipe Argotte como coordinador, Miguel Bastidas quien fungía de representante del Convenio Conac-Gobernación del estado y, el Capitán de Navío Noel Hernández y el Secretario General de Gobierno Víctor Méndez. Así mismo el uso de la embarcación es autorizada por Josefina Patiño de Barrios como Presidenta de la Fundación del Niño del Territorio Federal Amazonas. Por su parte el Ministro de la Juventud Charles Brewer Carias, quien al mismo tiempo participo en las labores de rescate, el día 20 de agosto se limitó a publicar un comunicado negando la relación de su despacho con la tragedia, señalando después en una entrevista que le fue realizada el día 18 de septiembre y haciendo alarde a su mejor gesto de compasión, que él pudo “observar aquellos cuerpos mutilados o medio comidos por los peces, hinchados por la acción de la descomposición”.

Transcurrido exactamente un año, la Juez de Primera Instancia en el Territorio Federal Amazonas, doctora Celina Hernández, declaró terminada la averiguación con el dictamen de un fallo en el que “de conformidad a lo establecido en el ordinal 1° del artículo 206 del Código de Enjuiciamiento Criminal”, declarando que “la causa del accidente sólo puede probarse pericialmente y la experticia correspondiente no pudo efectuarse por haber quedado los restos de la embarcación aprisionados en sitio que no permite su recuperación”. En definitiva, todo el mundo se lavó las manos ante la magnitud de un hecho donde hubo tantos responsables, y donde la impunidad fue la única respuesta.

En el año 2008, al cumplirse 28 años de la tragedia, a través de medios de comunicación impresa, conocimos de la acción emprendida por el ciudadano Noel Márquez (hoy presidente de la Fundación Grupo Madera) a través de la cual se dirigió a la Fiscalía General de la República con el propósito –según sus palabras- de “establecer las sanciones penales, civiles, administrativas contra los funcionarios que por acción y omisión incurrieron en la violación de las leyes y reglamentos causales de la tragedia del Orinoco”, así mismo recalco que “la lucha contra la impunidad y el olvido no está basada en el odio, retaliación y venganza, solamente en ánimos del profundo deseo de justicia, quiero decir medidas de protección y amparo para familiares de avanzada edad de quienes perdieron la vida en esos trágicos hechos” (Diario Vea, Sección Cultura, 15 de agosto de 2008)

Tal como se dice que el “crimen no paga” desde nuestros espacios, los directamente afectados nos gustaría conocer el desarrollo y resultados de la mencionada acción, si el caso es buscar justicia, no importa el tiempo que pase pero que se haga. Si por el contrario, solo fue un intento mediático para buscar protagonismo, esperemos que lo haya logrado.

Que era el Grupo Madera?

Esta pregunta la contestó acertadamente el ferviente investigador y antropólogo Esteban Emilio Mosonyi, a través de su escrito “Marginales bajo las aguas. Reflexión a partir del Madera”, publicado en el Diario El Nacional el 14 de septiembre de 1980. En la misma comentó: “He sido siempre un admirador incondicional de la cultura afrovenezolana y de nuestras culturas populares en general. Dentro de este contexto el trabajo del Grupo “Madera” debe considerarse como excepcionalmente brillante. Sus fuentes de inspiración se hallaban en Barlovento, e donde eran oriundos. Sus faenas diarias tuvieron por escenario la populosa urbe de Caracas –sus barrios populares- donde se atrincheraron para luchar contra la imitación fácil de lo seudouniversal envolvente, contra la desmovilización permanente de la identidad. Ellos, como pocos han sabido conjugar dentro de su dinámica creadora la pureza de los orígenes con la libertad de inspiración y la facultad innovadora. No les dio temor hermanar las manifestaciones afroantillanas con las formas culturales más características del negro venezolano ni con el ritmo vertiginoso de la salsa contemporánea. Lejos de perder coherencia expresiva mediante su labor multifacética, lograron sentar una verdadera cátedra de autenticidad, de identidad genuinamente sentida y de universalidad vinculante a todos los pueblos del mundo (…) No era por vez primera que esta gente espléndida se comunicaba con el indígena y sus problemas. Ellos siempre han ofrecido su apoyo incondicional en la lucha contra las Nuevas Tribus, que el Movimiento por la Identidad Nacional adelanta en contra de los invasores norteamericanos del Amazonas venezolano cuya sola presencia es una llaga abierta y sangrante en el corazón de la patria”.

Por otro lado, el periodista Angel Méndez como editor de la revista Swing Latino, en su edición N° 4, de enero del 78, comentó “El pasado mes de noviembre surgió en Marín (populosa barriada de San Agustín del Sur) un grupo con todos los hierros, bravo de verdad, pura madera. Allí, precisamente estaba el nombre “Grupo Madera”. Bastó una conversación en una fiesta por la Vuelta de Casquillo para conformar este nuevo grupo que, hasta los momentos no ha sonado pero, según lo observado por nosotros, va causar furor entre los amantes de la música latina”.

La periodista Jessie Caballero, desde el Diario de Caracas, en su nota del 30 de agosto del año 1979, en su apreciación del Grupo Madera, realizó el siguiente comentario “El espectáculo que montan esporádicamente en los teatros caraqueños tiene calidad y mueve a los espectadores a pesar de que no cuentan con ninguna subvención del Estado. No tienen local y deben pagar el vestuario y los instrumentos con las entradas económicas de los miembros del grupo. Así, las secretarias, una trabajadora social y un motorizado, más los músicos profesionales del grupo, dejan todos los meses una partecita del sueldo para los fondos de Madera”.

La Revista Páginas en su edición Nro. 1310 del 22 de marzo de 1980, publicó una nota titulada “plap..plap para el madera” cuyo contenido decía: “Realmente no existen palabras para expresar lo bueno que es el grupo “Madera”, por eso mi título lo constituyen dos plap, pero elevados a una potencia infinita. Los aplausos no solo por su excelente interpretación de las diversas expresiones negras del Caribe y de los Valles del Tuy, sino por su constancia, por su sacrificio, por su empeño en rescatar nuestra música, porque a pesar de que no tienen dinero para adquirir sofisticados instrumentos, se valen de todo para reproducir los sonidos negroides a la perfección, a pesar de que no cuentan con grandes ingenieros de grabaciones, ni están fogueados con el público, logran producir su primer L.P. con tanto cariño y autenticidad, que los expertos en el mundo discográfico les pronostican que será uno de los grupos más poderosos del país, sin caer en el estilo tan rayado de la salsa. De nuevo muchos plap…plap los muchachos de Marín”

Dos días antes de partir a Puerto Ayacucho, el periodista Gregorio Montiel Cupello desde la sesión “Música” de El Nacional, el día 10 de agosto de 1980, publica la última entrevista realizada al Grupo Madera y en el resumen de la misma acotó “El próximo martes el Grupo Madera inicia una gira que le permitirá llevar un mensaje de música afroamericana a Puerto Ayacucho y diversos lugares del Territorio Amazonas. Luego estarán en Mérida en otra gira que se extenderá hasta el 3 de septiembre. Mientras preparan su disco próximo, los 18 integrantes del conjunto expresan el afán de continuar impulsando una voz afroamericana genuina, sin falsificaciones ni mal gusto”

Desde el mes de noviembre del año 1977, ocasión en la que el Grupo Madera realizo su primera aparición, hasta el mes de agosto del año del 1980, llego a cumplir 110 presentaciones siendo la última en Puerto Ayacucho. Sus principales escenarios fueron barrios, escuelas, liceos, universidades, Poliedro de Caracas, programas de televisión, instituciones culturales o no, plazas y todo acto de apoyo o solidaridad en el que fuese requerida su presencia (con los trabajadores, los pueblos de  Cuba, Nicaragua, El Salvador, Honduras y africanos entre otros). El cobro de honorarios no estaba estipulado como condición para cumplir con una invitación. La propuesta artística, aunque de carácter sociocultural, era de esencia profundamente política y revolucionaria con la particularidad de nunca llegar a contemplar la posibilidad de recostársele a ningún partido o gobierno de turno para lograr sus objetivos, obtener beneficios o privilegios. La música, el canto y la danza fueron sus únicos instrumentos de lucha. En todo caso, la visión del grupo e era compartida fielmente con la filosofía de la cantautora Toña León la cual promulga la interpretación de los sentimientos colectivos y hacerlo llegar al corazón de la gente más que a la mente. Desde esta perspectiva, Alejandrina Ramos, Ricardo Quintero y Juan Ramón Castro principalmente, asumieron con gran responsabilidad las composiciones del repertorio que identifico y le dio identidad al grupo, en su misión estuvo comprender los fenómenos sociales que acontecían a nuestro alrededor para hacerlos canción. Venciendo la resistencia de de la industria disquera logro grabar un primer L.P. al igual que participar en el Documental “El Afinque de Marín” que con pasión, dedicación y paciencia fue realizado por Jacobo Penzo.

Por su parte, Jesús “Chú” Quintero haciendo honor a su dedicación a la investigación se le pudo distinguir como precursor de la llegada del tambor Batá a Venezuela. El, en su búsqueda de información, acompañado del “Pavo” Frank Hernández partió a Cuba en el año 1978, de allí trajo las medidas de esta batería de tambores que en San Agustín fueron después elaborados por el artesano Carlos Gutiérrez. Fueron los tambores batá de color blanco que utilizó el Grupo Madera y que también quedaron en el rio Orinoco.

Es mucho lo que queda por decir, no obstante, lo aquí narrado forma parte de una historia que quedo en el recuerdo, afortunadamente viva en el corazón de los venezolanos, no así, el destino los deudos y de los que así como la embarcación quedaron a la deriva y sin amparo: madres, padres, hijos y esposas que en todos estos años, ante la ausencia de apoyo moral o material alguno, quedaron bajo el amparo única y exclusivamente de su suerte.

Nelly Ramos

Cofundadora

Caracas, 13 de agosto de 2010

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