Salsa Brava Vol 2
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HECTOR LAVOE “EL CANTANTE”

HECTOR LAVOE “EL CANTANTE”

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Domingo, 20 Abril 2014
Bio

Hector lavoe

HÉCTOR JUAN PÉREZ MARTÍNEZ

De cantar dulce e hiriente, plasmó en su voz el retrato de la vida de los puertorriqueños que emigraron a Nueva York desde mediados del siglo pasado con la ilusión de reinventar sus vidas y quienes hallaron un mundo colmado de violencia, marginación y desigualdades.

Logró su sitial de “representante del pueblo” por la autenticidad que mostraron sus versos y porque, ante todo, nadie dudó que era un conocedor de las calles a las que le cantó, que fue reportero y protagonista de muchos de los sucesos que contó y que sus pasos transitaron por las edificaciones más ordinarias del barrio boricua, junto a los suyos Gozó de una dicción clara, que se añadía a su habilidad en la improvisación, que le permitía moldear las líricas de sus canciones con una creatividad indiscutible, triturando los versos hasta convertirlos en nuevos textos musicales.

Es considerado el mejor sonero, después de Ismael Rivera “El Sonero Mayor”. Su carisma en tarima y su don de gente fuera de ella, le ganaron la idolatría de su fanaticada, que casi le veneran como un mártir de la rumba y la calle. “Hector le podía mentar la madre a todo el mundo y el público se reía, lo malcriaron”, señalo Willie Colón en una ocasión, famoso por llegar tarde a sus compromisos, Héctor solía decir.- “Yo no llego tarde, el público llega muy temprano”, en su canción “El rey de la puntualidad”. El salsero Willie Colón, supo describir a su compañero en un homenaje póstumo como: “Aquel muchacho que aplicó los cantos de Gardel, Felipe Pirela, Ramito y Odilio con los rosarios de la cruz agregándole la malicia de Cheo y Maelo, graduado de la Universidad del Refraneo con altos honores, miembro del Gran Círculo de los Soneros, poeta de la calle, maleante honorario, héroe y mártir… por eso lo bautizaron como “El Cantante de los Cantantes”.

MI CHINA ME BOTO Orquesta New Yorker 1965
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Cheo Feliciano ha señalado.- “Era el niño mimado de Las Estrellas De Fania”. Tito Curet Alonso, el decano de los compositores de salsa, afirma. – “Lavoe fue un cantante “sui generis” porque nunca imitó a nadie, fue único en su clase, de la categoría de Ismael Rivera y Benny More”.

Héctor Juan Pérez Martínez, su nombre de bautismo, nació en el Barrio Machuelo de Ponce, el 30 de septiembre de 1946, hijo de Luís Pérez “Lucho” y Francisca Martínez “Panchita”; sus hermanos fueron Nelson, José Alberto (Pito), Norma, Luis Ángel, Priscilla y Luisa. Vivió atado a la música desde pequeño, influenciado por la pasión artística de su madre que cantaba en entierros y fiestas patronales; su padre Luis Pérez (“Lucho”) tocaba guitarra; su abuelo el trovador Juan Martínez, cantaba controversias campesinas y su tío tocaba el tres, todos aficionados a la canción popular. A sus 7 años de edad fallece su madre, este sería el primero de tantos golpes fuertes que más tarde sufriría.

Pasó la mayoría de sus primeros años de juventud escuchando la radio y estudiando las voces de cantantes como Chuito el de Bayamón, Odilio González y Daniel Santos. Lavoe comenzó a cantar imitando a estos cantantes puertorriqueños. Su personificación favorita y la más famosa era la de Daniel Santos. Tan buena era, que con frecuencia la hacía en el escenario sólo para ver a la gente volverse loca buscando a Daniel. Estos cantantes y más tarde Cheo Feliciano, Ismael Rivera e Ismael Quintana fueron las mayores influencias salseras que ayudaron a forjar su carrera y estilo de cantante.

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A sus 14 años, Héctor Lavoe reunió a un grupo de diez amigos músicos para cantar por las calles de su pueblo. Tres años más tarde, decidió partir a la ciudad de Nueva York para probar fortuna como cantante, impulsado por las dificultades económicas de su familia y el dolor del desarraigo que aún conservaba por el fallecimiento de su madre.

El 3 de mayo de 1963 arribó a la urbe neoyorquina. Colmado de sueños y con el único propósito de cantar en una orquesta, el joven de apenas 17 años fue a parar a casa de su hermana Priscilla, en el barrio del Bronx. Un año más tarde, un reencuentro con su amigo de infancia Roberto García, líder de un conjunto musical, le produjo su primera oportunidad artística, aunque en participaciones esporádicas.

Trabajó por algunos meses con la orquesta del percusionista Francisco “Kako” Bastar, logrando grabar como primera voz del coro en el año 1967. El disco saldría al mercado al año siguiente. Pero durante el mismo año 1967 conoció a Johnny Pacheco, copropietario del sello Fania Records quien luego de escucharlo cantar le presentó al joven trombonista y arreglista Willie Colón, quien buscaba un vocalista para la grabación de su primer álbum, “El Malo”. Héctor, con su estilo callejero y desafiante, resultaría el complemento perfecto para la música de Colón, estridente y atrevida para los puristas en la fusión de ritmos de lo que se conoció después como salsa urbana o neoyorquina y que transmitía todo el sabor del barrio.

Pacheco jamás pensó que ese junte unía a las dos estrellas más refulgentes que tendría la salsa en la primera etapa del desarrollo de la nueva familia discográfica de la Fania.

El binomio Héctor Lavoe y Willie Colón trastocó los patrones rítmicos que marcaron el compás del nuevo género salsero, hasta entonces dominado por un sonido agresivo. Esta unión lanzó una nueva propuesta musical que combinó el tono pícaro y sarcástico de la voz del cantante ponceño y su apego a las melodías de la canción tradicional boricua, con el interés del intrépido trombonista de proyectar en su trabajo la evocación nostálgica del sonido de las raíces de la música puertorriqueña.

Así, el orgullo campesino logró un espacio en el mundo salsero que se curtió en la dispersión, combinado con composiciones modernas y matizadas por los dichos y refranes de las áreas rurales de Puerto Rico, como el famoso “lelolai”

Héctor Lavoe y Willie Colón triunfaron porque, además de cautivar con su propuesta artística, lograron sembrar la imagen de niños malos del barrio. Se abrieron paso contando sus historias, como si se tratara de la consignación de un texto social que relataba los incidentes del emigrante. Este binomio es considerado, tanto por la crítica como por los admiradores, como uno de los más importantes de la historia de la salsa.

Este junte duró 7 años, desde 1967 hasta 1973 produjeron 10 discos algunos de ellos: “La Gran Fuga”, “Cosa Nostra”, “Lo Mato (Si No Compra Este Disco)”, “El Juicio” y los dos volúmenes de “Asalto Navideño”. Los mismos son de vital importancia para la solidificación de la salsa como género. Y sentó pautas con éxitos como “Ausencia”, “Cheche Colé”, “Juana Peña”, “Barrunto”, “Calle Luna, Calle Sol”, “Abuelita”, “Piraña”, “Soñando Despierto”, “Todo Tiene Su Final”, “La Murga de Panamá”, (de donde se asume, se acoplaron los arreglos de trombón para la salsa), algunos de sus éxitos. La melodía “Ausencia” y la titulada “Cheche Colé”, le dieron renombre en los festivales de verano en Europa.

En 1973, Willie Colón decide disolver su orquesta, dedicarse a la producción y su familia. Cansado de los descontroles y los desórdenes de la vida un poco turbia que llevaba Héctor Lavoe, La separación fue amistosa y no definitiva, pues Colón le recomienda que armara su propia banda, para la que le ofreció sus músicos.

Más tarde, Willie Colón se uniría con el panameño Rubén Blades para formar otro binomio exitoso en la salsa. A pesar de esta separación, Colón siguió colaborando con Lavoe se mantuvo como productor de varios de sus álbumes más exitosos como solista. Esta separación coincide con, o tal vez propicia, la estrategia a seguir por el sello Fania, de lanzar a los cantantes de más éxito como solistas, apartados de las orquestas que le dieran fama.

Héctor comienza una nueva etapa en su vida con la aparición, en 1975, de la producción “La voz”, que incluyó su primer éxito en solitario, “El Todopoderoso”. De ahí deriva su nombre artístico “Lavoe”.

Luego, en 1976, lanza el elepé “De ti depende”, con el clásico “Periódico de ayer” de la autoría de Tite Curet Alonso, justo cuando ya era considerado como el mejor cantante puertorriqueño de salsa de Nueva York.

Su vida, sin embargo, anduvo en sobresaltos y los malos andares le provocaron un retiro temporal de los escenarios para someterse a un tratamiento contra la adicción a drogas.  Meses más tarde, regresa recuperado a complacer a su público con el álbum “Comedia” (1978), uno de los más exitosos en su carrera que incluyó los temas “La verdad”, “Comedia” y “El cantante”, este último escrito por Rubén Blades. Durante esta época, Lavoe participó también en las giras que realizaba la Fania All Stars agrupación con la que visitó África junto con las demás estrellas salseras de esa época y participó en la película Our Latin Thing (“Nuestra Cosa Latina”).

Se hizo merecedor de apodos como “La voz” por su destreza para interpretar las canciones que otros, como el mismo Johnny Pacheco, compusieran para él. Además se le ha llamado “El hombre puntual” o “El Rey de la Puntualidad”, gracias a un suceso en África, ocurrido por su afición a las fiestas, y también “El hombre que canta hasta debajo del agua”, por su virtuosismo.

Héctor siempre impartió un estilo único, nunca demostró aires de arrogancia y siempre fue humilde. Lanzo discos con éxitos como “Recordando a Felipe Pireda” (1979), “Feliz Navidad” (1979), “El sabio” (1980), “Qué sentimiento” (1981), “Vigilante” (1983), que incluyó el tema “Juanito Alimaña”, escrita por Tite Curet Alonso, un clásico en la línea de Pedro Navaja y que en la voz de Héctor Lavoe se consagró como una oda más a la historia de “maleantes honorarios”. El “Reventó” en (1985) con los temas: “La Vida es bonita” y “La fama”. Además de las ya citadas, hizo famosas canciones como “El Todopoderoso”, “Paraíso de dulzura”, “Triste y vacía”, “La verdad” “Un amor de la calle”, “Mentira”.

Pero el inicio de los años 80 estuvo marcado de eventos trágicos para Lavoe. La fractura de sus piernas al saltar por la ventana de su apartamento de Queens debido a un incendio, fue un hecho que se conjugó con su adicción a las drogas para hacer de él un hombre sumido en la depresión y al borde del precipicio.

En 1987 salió al mercado su último trabajo en solitario, “Strikes Back”, donde se destaca el tema “Loco”, el desgarrador bolero “Taxi” y un par de salsa romántica que con la malicia vocal de Lavoe atraparon a una nueva generación de salseros:”Escarcha” Y “Ella Mintió”. Tras cada interpretación, imprimió el estilo callejero y desafiante que representó, adornado con su amplio refranero popular y su tono de “poeta de la calle”.

A principios de 1988 se le diagnostica que padece del Síndrome de Inmuno deficiencia VIH (SIDA). Este mismo año sigue efectuando presentaciones esporádicas en diferentes partes de Estados Unidos y Suramérica. Se anuncia su nominación al Premio Grammy 87-88 por el L.P “Strikes Back”. Graba su última canción con Las Estrellas De Fania registrada en el L.P Bamboleo: “Siento”.

El 25 de junio de 1988, después de la suspensión de un concierto en el coliseo Rubén Rodríguez de Bayamón, que marcaría el reinicio de su carrera en la Isla y debido a la poca convocatoria Héctor Lavoe se retira deprimido a su habitación del hotel Regency de San Juan donde se hospedaba, y el domingo 26 de junio de 1988, se lanza al vacío del noveno piso. Desde entonces, su vida ya no fue la misma este hecho marcó el ocaso de una vida gloriosa y atormentada la caída no le produjo la muerte, pero sí la parálisis de medio cuerpo y lo dejó malherido, al punto de malograr sus cuerdas vocales. Este sería su segundo brinco desde una edificación sin morir el primero por un incendio.

Aún en estado de parálisis parcial, Lavoe tuvo que cumplir con su contrato y presentarse en algunos conciertos producto de una manipulación en su afán de lucro por sus representantes, intentó volver a cantar sin éxito y sin que nadie se compadeciera de su pena, sin que su estado físico y emocional tuviese relevancia. La depresión en que se hallaba, por una vida llena de sobresaltos, la soledad en la que se encontraba en sus últimos días (pues apenas recibía visitas esporádicas de alguno que otro amigo), a pesar de las ventas generadas por sus discos, se vio en condición económica precaria, el crecer sin su madre, el asesinato de su hermano, la muerte de su padre, el asesinato de su suegra y la muerte de su hijo mayor Héctor Luis de un disparo accidental que le produjo un amigo fueron el empujón que faltó para que este artista cayera definitivamente. Desde entonces permaneció retirado en Nueva York, aunque el mismo año de su fallecimiento salió al mercado un último disco, Héctor Lavoe & Van Lester: The Master and the Protege.

El mediodía del 29 de junio de 1993, Héctor Lavoe muere por complicaciones causadas por el SIDA en el Hospital Saint Claire de la ciudad de New York, cinco años después de aquel intento de suicidio.  Fue enterrado en el cementerio Saint Raymond de Queens, Nueva York, y nueve años después, tal como él mismo pidió, gracias a la gestión realizada por otro famoso cantante de salsa, compañero suyo, el señor Ismael Miranda, sus restos fueron trasladados a su ciudad natal, Ponce en Puerto Rico. Y reposan junto a los de su hijo Héctor Pérez junior (1969-1987) y su esposa Nilda Georgina (1950-2002).

Si la vida de Héctor Lavoe había sido extraordinaria y tumultuosa, no menos lo fue el acto de su sepelio y el lapso durante el cual permaneció sembrado lejos de su tierra y de los suyos. Los caribeños recordamos perfectamente cómo Ismael Miranda elevó la oración final por el descanso del alma del cantante, en vista de la negativa de los sacerdotes a hacerlo, porque Héctor “había sido un bochinchero pecador”. Tampoco olvidamos la multitud que le siguió a su última morada, cantando, ni los intentos que se hicieron para trasladarlo a Ponce. Lavoe hizo rememorar el caso de Tito Rodríguez, cuyo cadáver fue peleado por Nueva York, el viejo San Juan y Tokio.

Héctor Lavoe es considerado unánimemente como uno de los mejores cantantes que enriquecieron el género de la salsa. Es actualmente un icono de esa cultura y un ídolo en varias localidades, será siempre una de las glorias de Puerto Rico; existiendo incluso un monumento en su honor en Ponce, Puerto Rico una de las avenidas del nuevo muelle de Ponce, fue bautizada con su nombre y otro en la provincia peruana de El Callao, donde es considerado como hijo ilustre.

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Su agitada vida personal y profesional fue llevada en 1999 al teatro con la obra ¿Quién mató a Héctor Lavoe? Producida por Pablo Cabrera y David Maldonado, presentada originalmente por el Puerto Rican Travelling Theate con la personificación de Héctor realizada por el sonero Domingo Quiñonez. La obra arrancó aplausos de la crítica especializada, incluyendo al New York Times. Su banda sonora, editada en un disco compacto, fue seleccionada una de las producciones más sobresalientes de 1999 por la Fundación Nacional para la Cultura Popular. Domingo Quiñones fue sustituido en escena por el actor y cantante Raúl Carbonell hijo. Este último recibió aplausos por su sobresaliente caracterización. Con la llegada del año 2000, “Quien mató a Héctor Lavoe” fue respuesta en el Centro de Bellas Artes de San Juan con Quiñones, logrando todos nuevos elogios a la producción.

Ocho años más tarde, en el 2007, sale El Cantante, película sobre la vida de Héctor Lavoe protagonizada por Marc Anthony y Jennifer López, un fracaso de cinta, que nunca refleja la realidad de El Cantante de los Cantantes. En la actualidad hay expectativa por la grabación de la verdadera historia de Héctor Lavoe que cuenta en el reparto con artistas como Raúl Carbonell y Paty Manterola; película de origen netamente Puertorriqueño.

El cantante. “Y nadie pregunta si río, si lloro; si tengo una pena que hiere muy hondo; Yo soy el cantante porque lo mío es cantar…”

Héctor Lavoe es una de las figuras principales en la historia de la salsa, encarna el diálogo entre el sentimiento callejero y el hombre de barrio que esconde las virtudes y desventuras de la sociedad que lo abrigó.

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