Salsa Brava Vol 3
Salsa
La mafia entra en el negocio de la Música Latina

La mafia entra en el negocio de la Música Latina

6
9562
0
Martes, 18 Marzo 2014
Salsa y Sabor

La mafia en los años cuarenta, cincuenta, sesenta y parte de los setenta del pasado siglo XX la ciudad de La Habana Cuba, y las urbes norteamericanas de Chicago, New York, Miami y Los Ángeles fueron el paraíso ideal o el epicentro, de acciones ilícitas para que grupos de delincuentes organizados, tomaran esas ciudades, y forjaran el establecimiento de grandes cabarets, Night Club y hoteles de lujo.

 La música afro latina y el jazz era el complemento expedito, para el lavado y la legitimación de capitales producto del negocio del narcotráfico, la extorsión, licores adulterados, trata de blancas y el negocio de apuestas y de juegos ilícitos.

 En Colombia, a partir de los años setenta, la delincuencia organizada con las poderosas redes de narcotraficantes, incursionaron igualmente en el campo de la música con la organización de pomposas fiestas privadas, espectáculos y creación de discotecas, hoteles de lujo y Night Clubes. De allí que la música añadía parte de ese sazón al complejo andamiaje y de mimetización comercial en la que mafiosos de origen italiano, judío, cubanos y recientemente con la incorporación de los colombianos le han sacado provecho a la música afro latina y el jazz, como la mejor forma de lavar dinero.

Así comienza la cosa mafiosa:

El archipiélago cubano y su capital La Habana representó en la década de los años cuarenta y cincuenta, el paraíso tropical apropiado, en donde el aspecto mágico religioso implícito en sus habitantes, el sabor indiscutible de una tierra musical como la cubana con profundas raíces afro-españolas; las bailarinas, el batir de las palmeras, exóticas playas fue el escenario perfecto para instalarse la mafia en la isla de Cuba por sus condiciones geográficas y su profunda musicalidad.

Esto dio pie para así comenzar a explotar ese filón, como la música, en la industria del entretenimiento y la prostitución, que ya había resultado exitoso en el desierto inhóspito de Nevada, en suelo estadounidense. El recuerdo histórico del comienzo de la cosa mafiosa, quedó después que el mafioso de origen judío en 1946, Benjamín “Bugsie” Siegel, montara el primer hotel Flamingo, en lo que hoy se conoce como la ciudad de Las Vegas.

Así poco a poco creció el imperio mafioso como también surgieron otras serie de cabaret y Night Club, en Los Ángeles, y en el Harlem Latino, de la ciudad de New York, que multiplicaban las ganancias de estos grupos del delito organizado. Hacia la Habana, los italianos Lucky Luciano y Santo Traficante, se desplazaron y habían establecido contactos en la capital de la isla cubana, para el desarrollo de sus negocios de lavado de activos.

Por su parte Luciano o Lucano, su apellido original, con la Mafia siciliana, les ofrecía a sus socios las ventajas de una red de importación de heroína que desde el norte de África pasaría por Sicilia, después por Cuba y de ahí llevaría los envíos de narcóticos a los Estados Unidos. El tráfico de drogas era la nueva gran fuente de dinero de la Cosa Nostra, algo que podría incluso superar los beneficios del tráfico de alcohol durante la época de la Prohibición, en EEUU, en los años 20 del siglo XX. Así pues, “Lucky” Luciano ofrecía un canal franco y seguro de llegada de la heroína al país. De mucha demanda y consumo en ciudades como New York. Tomando como puente para el tráfico de drogas, el puerto de La Habana y sus espectáculos musicales en diferentes cabarets que regentaba.

Bugsy Lucky Luciano

En la ciudad de los rascacielos, en búsqueda de mejores condiciones de vida, el arribo de músicos de origen latino desde los años treinta, en adelante permitieron que ejecutantes afroamericanos del jazz, se fusionaran y contribuyeran en el surgimiento de una nueva tendencia rítmica como el cubop y el bebop en la que el asesinado músico cubano Chano Pozo y su amigo el trompetista Dixie Gilliespi, aportaron su significativa participación como coautores e impulsores de esa tendencia musical, el cubop. Esos ritmos contagiosos, dada su demanda por el público estadounidense y latino, viabilizaron la creación de salas de espectáculos, bares y night club, en donde la mano de la mafia no podía faltar, con el compás del jazz y la música latina.

Apertura del lavado de activos:

Lo cierto es que se abrió el mercado y el lavado de dinero o legitimación de capitales, mediante la creación de salas de juego y una serie de night club como el famoso Tropicana, El San Souci, Copacabana, el fastuoso Hotel Nacional, Mont Matre todos en La Habana, Cuba y otros en New York, Miami y Los Ángeles.

San Soucy sanssouci 3

Desde Cayo Hueso, en el estado de la Florida y otros lugares del territorio estadounidense, oleadas de turistas americanos buscaban no solo el descanso playero y sexual, en La Habana sino también sentir en vivo la explosión musical afrocubana, que causaba furor entre el público americano. El son montuno, el cha cha, la charanga, el bolero, montaban su paraban rítmico, con diferentes orquestas del patio, que aportaban el marco propicio para darle el sabor latino necesario.

Meyer-LanskyEl mafioso Meyers Lansky, en su tránsito en la Cuba pre castrista, fue el genio de las finanzas provenientes del juego en los casinos, habaneros y estadounidenses. Un set de esparcimiento musical mitigaba el deseo de los jugadores a mantenerse en las salas de envite y azar. El apoyo de dictaduras cubanas, que cedían bajo el peso de la corrupción mafiosa, hacía viable el negocio del blanqueo de capitales, hasta la llegada de la dictadura comunista, en el año de 1957, de los hermanos Castro, que acabó con todo. Hasta que de nuevo Los Castro abrieron el paraíso tropical, pero ahora para el disfrute sexual con las llamadas jineteras o trabajadoras sexuales, a partir de los años setenta. Bajo el recuerdo bucólico del despampanante Tropicana, más no así el Sanz Soucy y otros cabarets que desaparecieron bajo el peso de la dictadura comunista cubana.

 Los night club en New York:

En New York sitios como las lujosas salas de baile: The Village Gate, sitio donde debutara la Fania All Srtas. en los años sesenta; The Bird Land, donde debutara la banda de Machito, entre otras; El Corso, recordado por el tema ” Corso y Montuno” con Johnny Pacheco y Héctor Casanova; El Palladium; fastuosa sala de baile, con capacidad para tres mil personas y muy famosa por las descargas musicales entre Tito Rodríguez y Tito Puente; El Casa Blanca, After Hour de Pozo; del representante de orquestas, Avelino Pozo, famosa sala de baile clandestina, hecha famosa por canciones de Héctor Lavoe y Willie Colón y otras, se sumaban a la oleada de música tropical de la mafia. Todo estos negocios unos más que otros giraban alrededor de la delincuencia organizada, desde las lujosas salas de juego, los cabarets, la prostitución y hasta la industria discográfica que ya formaban parte del entarimado mafioso.

La industria discográfica en el negocio:

La reproducción de numerosos temas musicales cubanos o puertorriqueños, fueron a parar en esa época dorada a manos de los sellos discográficos, propiedad de empresarios de conductas mafiosas con sucursales en La Habana, New York, Miami y Los Ángeles. Muy poco de estos empresarios se dignaron a reconocer el pago de regalías por derechos de autor, si venían de tierras cubanas o suramericanas, por la venta de millares de discos en 45, 78 y 33 RPM.

Este filón de la música afro latina, despertó el apetito de los empresarios discográficos de origen judío que si bien coadyuvaron a difundir el sabor musical afro caribeño, el monopolio discográfico de esos sellos disqueros, definitivamente decidían que orquesta y/o cantante fuera popular o no. En esa honda de prácticas mafiosas podemos incluir al extinto Jerry Masucci (FANIA), George Goldner, Sidney Sieglel, Pancho Cristal , lo usual era pagar payola para que sus discos sonaran en la radio y sus artistas vendieran, de lo contrario el anonimato les esperaba a la orquesta o cantante.

Los empresarios discográficos de origen judío, fueron financiados en su mayoría por mafiosos de origen italiano como Lucky Luciano y los judíos Benjamín “Bugsy” Siegel, mano derecha de Luciano y Meyers Lansky, este último ideólogo de la expansión de salas de juego y baile por Estados Unidos y Cuba.

Así que encontramos empresarios, en este recorrido investigativo a los judíos George Goldner, Morrys Levy, propietario del sello Tico en donde grabara Tito Puente y La Lupe, Rafael Cortijo e Ismael Rivera; Ricky Ray y Bobby Cruz; Sidney Sieglel fundador del sello Seeco, en donde grabara la legendaria Sonora Matancera, quienes formaban parte de ese andamiaje monopólico en que la mafia ítalo-estadounidense, judío-italiana, daban el toque necesario para el blanqueo de capitales y su respectiva legitimación, pero eso si con mucha música y sabor afro latino y los acordes de un buen latín-jazz.

Las Big Band tras las contrataciones:

Era necesario el negocio discográfico en la mafia para poder desarrollar la industria de casinos y el entretenimiento musical que le acompañaba. Esto le permitía mayor presencia de público en sus negocios. En la ciudad de los rascacielos ya con fuerte presencia latina con las bandas del catalán Xavier Cugat; de los cubanos Frank Grillo Machito y su talentoso cuñado Mario Bauza y José Curbelo, quien de director de orquesta pasó a ser manager de grandes orquestas y cantantes en la ciudad de New York, el éxito estaba asegurado. El estadounidense de origen puertorriqueño Tito Puente y el boricua Tito Rodríguez, directores de orquestas de mucha trascendencia en un sitio emblemático como The Palladium, en New York, The Cotton Club garantizaban la afluencia de mucho público afroamericano y latino. La música de las grandes Big Band afro latinas, montaban el necesario escenario musical, respaldado por el dinero de grupos mafiosos.

El colombiano Larry Landa y la Mafia suramericana:

Tal como lo mencionamos la idea de la mafia en actividades musicales era constituir establecimientos comerciales, grandes conciertos musicales, para el blanqueo y legitimación de capitales. Estos son hechos que ya están registrados en la historia musical afro latina, en la década de los años cuarenta, cincuenta, sesenta y parte de los años setenta, con suficientes evidencias que así lo confirman.

Motivado a la idea de Monty Key y Simphony Syd dos afamados DJ estadounidenses, para quienes el negocio de la promoción discográfica (payola) que aún se mantiene en la radio, se movía con dinero en efectivo. La ciudad de New York de los años cincuenta del siglo XX fue el escenario apropiado para que los musicalizadores, Syd y Key, llevaran al lujoso cabaret Rogers Root, la banda de Machito, Mario Bauza y sus Afro cuba, mucho talento musical latino y jazz americano, tal como lo exigía, el público. Eso sí, con temas musicales fuertemente promocionados por los dos Disc Jockey dedicados a el negocio de promoción discográfica, bajo el pago obligado de la promoción del disco que le llevaran a la radio, para su difusión.

Hector Lavoe en Juan PachangaEl famoso club Copacabana, en New York que fue fundado en 1940 y uno de sus accionistas fue el mafioso italiano Frank Costello, amante de la buena música, el buen vino acompañado de lindas mujeres. Se sumó a esta constelación de sitios nocturnos y artistas financiados por la mafia.

Años después fue emulado en Colombia con el músculo financiero del narcotráfico, cuando en los primeros años de la década de los años setenta en la ciudad de Cali Colombia, la presencia del empresario del espectáculo. Larry Landa, propietario de la discoteca Juan Pachanga en la zona de Juanchito, cruzando el río Cauca. Se dedicaría a este tipo de negocio en donde la salsa, serviría de ropaje para el tráfico de drogas.

Larry Landa, cuyo nombre verdadero era César Araque, era un empresario de artistas que terminó años después en una cárcel de Miami, Estados Unidos por decomiso de cocaína y posteriormente asesinado a golpes, dentro del recinto penitenciario. El cantante Héctor Lavoe estuvo en Cali y fijó su residencia entre noviembre de 1982 y marzo de 1983 en las residencias Aristy centro de la ciudad, contratado por Landa quien se financiaba con el negocio del narcotráfico y con mucha promoción lo presentaba con local lleno, en varias oportunidades.

Fue todo un acontecimiento un éxito total, la popularidad del sonero boricua, le permitía al empresario caleño, de esta forma lavar o legitimar capital proveniente del tráfico de drogas hacia territorio estadounidense. La historia de Héctor Lavoe en Cali, en palabras de Jairo Sánchez, músico colombiano a quien entreviste, en visita a esa ciudad en el año 2008, empieza con las orquestas de salsa que llegaban a la ciudad en los setentas, porque Cali se convirtió en el epicentro del género musical, afro latino, a partir de la década los años setenta.

El timbalero Pichirilio, por su parte afirmó que en el año 1979 él tocaba y dirigía un grupo del extinto cantante Piper Pimienta, época cuando Larry Landa trajo de gira a Lavoe con su orquesta, lo conoció en tarima y luego en 1983,alternaron en tarima. La orquesta de Lavoe se marchó a New York y él se quedó en lo que ahora es Cali, la capital mundial de la salsa.

Landa posteriormente lo trae a vivir a Cali, para ayudarlo supuestamente a mejorarlo en su adicción a la droga, pero que no logró superar, más bien se le acentuó por la fuerte adicción que traía del norte. Lo contrató para diversos shows en su discoteca Juan Pachanga Charanga, y organizó un grupo con el mismo nombre, del cual hizo parte. Hasta lo llevó a dormir en su casa, y allí su mujer se enamoró del ídolo Lavoe para compartir e invitarlo a su lecho matrimonial, hasta que fue sorprendido por Landa a quien se le acabó la idolatría por el “cantante de los cantantes” al comprobar tan infame adulterio y lo despidió.

El auge y caída de una aventura empresarial del empresario caleño, Larry Landa, asesinado a golpes en una cárcel en Miami en los finales de los años ochenta aparecen algunas referencias concernientes a su oficio primario antes de ser un poderoso empresario del espectáculo con dinero proveniente de actividades mafiosas. Su hijo Juan Carlos Araque, afirma que la situación de Lavoe en Cali era difícil por lo que vivía por su fuerte adicción a la droga que lejos de mejorar su dependencia, los que hizo fue empeorar.

De su padre Larry Landa afirmó que el inicio de su negocio con los espectáculos musicales fue alquilando equipos de sonido y música para fiestas en la ciudad, su estilo como difusor discográfico fue reconocido como “ritmo lala”, cambiando por ese motivo, luego su nombre a Larry Landa, famoso internacionalmente por traer a los salseros del momento a la capital de la salsa tal como se le conoció en esos tiempos.Jairo Varela

Fue una época donde el producto interno bruto colombiano influido por el narcotráfico, comenzaba a tener fama internacionalmente por la “exquisitez” de la cocaína de exportación, enviada directamente al país del norte, por el Cartel de Cali entonces, bajo viajes clandestinos con dólares del narcotráfico, nos regresaba -según uno de los entrevistados-, otros tesoros, abundante música caribeña y cantantes expresada en salsa con figuras tales como: Pete “El Conde” Rodríguez, Héctor Lavoe, The Lebrón Brothers, El Conjunto Cásico los Rodríguez, La Sonora Ponceña, y otros exponentes de reconocida fama.

Pero todo no quedó bajo la sombra del negocio del narcotráfico, en la figura del extinto Larry Landa. Nos referiremos, a Jairo Varela otro director propietario colombiano, fallecido recientemente en el año 2012, de la orquesta El Grupo Niche, brillante compositor de numerosos éxitos musicales, para esa banda de prestigio internacional.

A Varela la policía y la justicia colombiana lo detuvo e investigó en la década de los años noventa y envió a prisión por legitimación de capitales provenientes del poderoso cartel del Norte del Valle del Cauca. La Fiscalía colombiana lo acusó de uso y provecho del dinero producto del narcotráfico para ser legitimado en el negocio de discotecas, estudios de grabación y en la misma orquesta donde llegó a contratar cantantes y músicos extranjeros para imprimirle más calidad a su orquesta.

larry landa en el centro

Lavoe, Ismael Rivera y amigos con Pablo Escobar

El anfitrión de la fiesta, Pablo Escobar, capo di capi (jefe de jefes) del cartel de Medellín apuntó con su pisto la automática enchapada en oro a la cabeza de Héctor Lavoe (cantante de los cantantes) y amenazó con matarlo si el show no continuaba hasta las seis de la mañana. La rumba tenía que seguir en la Finca Nápoles, santuario de Escobar, en donde hasta un zoológico con especies africanas exóticas, se mostraban a los visitantes.

Los guardaespaldas de Escobar, reaccionaron de inmediato con sus armas automáticas, neutralizaron cualquier movimiento de los músicos “aquí nadie se mueve, hermanos” espetaron los mafiosos al unísono. El Sonero Mayor, Ismael Rivera protestó airado, por su parte Larry Landa, el manager de los cantantes había hecho el contrato sólo hasta las dos de la mañana, pero los músicos y cantantes estaban cansados y ya se había pasado el tiempo, argumentaban.

Los músicos no dieron el brazo a torcer; entonces una orden los sentenció a quedarse sin documentos y a ser encerrados. Era la madrugada del 1° de enero de 1981, de aquel año nuevo en las afueras de la capital antioqueña y en una pequeña habitación de la finca Nápoles, en las afueras de Medellín, Colombia, casi se asfixiaban, en el reducido espacio de la habitación los salseros más cotizados de la esfera musical afro latina: Ismael Miranda, Vicentico Valdez, Ismael Rivera, el pianista Gilberto Colón Jr. y Héctor Lavoe, en manos del poderoso Cartel de Medellín, con Pablo Escobar a la cabeza.

Después de un rato de estar encerrados, Lavoe descubrió una pequeña ventana por la que podían salir; lo intentó y se dio cuenta de que daba al exterior de la casa. Con esfuerzo, todos los demás pudieron escapar por la misma ventana. Rápidamente huyeron a través de los matorrales hasta dar con una carretera. Los capos prácticamente, lo que querían era dejarlos ir, solo hacerlos pasar un susto. Hasta que al otro día el 02 de enero, un emisario de Escobar los visitó en el hotel donde se alojaban con un cheque, los pasaportes, unas disculpas y los instrumentos. Así fue la vida de estos famosos cantantes y del puertorriqueño Héctor Lavoe, una colcha de aventuras en su carrera musical: pistolas apuntando a su cabeza, sinsabores, alegrías, promesas, pinchazos de heroína, guaracha, mujeres, ron, cocaína y guaguancó.

La salsa le enseñó el placer de vivir y también le inventó las circunstancias y hechos fortuitos que acabaron con su vida. “Yo soy aquel que la gente reclama, pero nadie sabe comprender”-uno de los soneos, del extinto jíbaro de Ponce.

Finca Pablo escobar 1 Finca Pablo escobar 2
Finca Pablo escobar 3 Finca Pablo escobar 4
Fuentes-Documental “La Voz”
Hector Lavoe Coleccionista Facebook
Fotos-Imagen tomada de medardoarias7 blogspot -Lavoe ensayando en el Club Juan Pachanga.
Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *